Fábulas de GRANADA contadas por quien lo vivió

La ciudad de Granada tiene una historia muy extensa y una cultura muy especial a lo largo de los siglos. Os traemos nuestras leyendas y curiosidades favoritas contadas por la gente que lo vivió.

“Evolución del nombre de la ciudad”

Mi hermana y yo estábamos en aquella medina, cuya capital se llamaba Madinat Gar-Anat, visitando a nuestro padre enfermo. Tenía unas tristezas que iban y venían, sin ningún sentido. Nuestra madre nos contó que decía que estaba vacío, que no tenía alegría. Íbamos a intentar que esa tristeza desapareciera con una visita de 3 semanas. Paseábamos por los mercados, las diferentes zonas de la ciudad. Un día, nos encontramos con un amigo de la infancia de mi padre, Josué, se había convertido en vidente.  Nos proliferó que, aquella medina sin nombre, acabaría llamándose Granada, por que vendrían gentes de otros mundos que transformarían la capital Madinat Gar-Anat, ya que sólo sabían pronunciarlo como Garrr-annt, Granat, Granada.  Y así evolucionó el nombre de nuestra ciudad, con la peculiar manera que tenemos de hablar la gente del sur.

“¿Por qué Alhambra?”

Y pasábamos las noches en las calles de aquel castillo tan grande, como una gran familia que éramos, pudiendo calentarte en las hogueras que se encontraban en cada esquina, rodeadas de gente riendo y celebrando. Cuando te alejabas, se veían las paredes del castillo de un color rojizo, ardiendo en la noche de Granada. Por ello, lo llamábamos qalat al-Hamra (fortaleza roja). Aunque más adelante, dejamos de hacer hogueras, porque ya no estaba muy bien visto, y la pintamos de rojo, aunque no duro mucho tiempo. Ahora solo podemos contemplarla con ese color con los últimos rayos del atardecer.  

“Mulhacén: una tumba en el techo de España”

Hacía mucho frío en aquella alcazaba, rodeados de nada. Solos. Mi marido Muley Hacen, antiguo rey, destronado por su propio hijo, y nuestros hijos. Pasábamos tiempos de penuria, nuestro amado marido y padre siempre amargado encerrado en la torre más alta de la fortaleza. Miraba sin descanso las altas y lejanas cumbres de Xolair, lo que más tarde conocerías como Sierra Nevada, deseando ver las maravillas que yo sí podía disfrutar. Tras años de enfermedad, un día me confeso: Zoraya, quiero que me entierres en este lugar, lejos de todos los seres que me han podido dañar, y, lo más importante, más cerca y con la única compañía del cielo infinito. Así que, así lo hice, unas semanas después sepultamos al rey Muley Hacen en lo más alto de la Sierra, entre las nieves eternas, donde sólo reina el silencio.

“Silla del moro, Paseo de los Tristes y último suspiro”

Nuestro rey Boabdil, era un hombre un poco extraño y solitario. Tanto fue así, que deprimido por la sublevación por parte del pueblo a la que tuvo que hacer frente, y porque estaba a punto de perder el trono, se fue él solo a refugiarse en las peladas colinas que bordean el Generalife. Tanto se pasó allí que empezamos a reirnos diciéndole que se fuera a su silla, a la silla del moro. Cuando tuvimos que irnos, todos llorando, entristecidos con nuestras familias, pasando por última vez por las calles de nuestra querida medina, mi hija, en el final de aquella calle tan hermosa dijo, papá, sin ninguna duda, esto será el paseo más triste de la historia. Mientras tanto, nuestro querido Boabdil, con su madre en la última colina a la salida de la ciudad, lloraba y suspiraba, disfrutando por última vez de lo que fue suyo. El último suspiro dedicado a la hermosa Granada, escuchando a su madre de fondo que le decía: no llores como una mujer lo que no has sabido defender como un hombre.

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